// Vicente Noble Hoy ¿Cómo entran los hatianos por la frontera Haití - Repúbñica Dominicana? ~ Vicente Noble HOY

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viernes, 23 de enero de 2015

¿Cómo entran los hatianos por la frontera Haití - Repúbñica Dominicana?


Preparativos del viaje
Tras partir sin problemas desde pequeñas aldeas o grandes poblados de Haití, inician un arduo recorrido de decenas de kilómetros hasta espacios vulnerables de la frontera.

Regularmente, los reclutantes de viajeros en Haití tienen sus contactos en República Dominicana y ganan comisiones por su trabajo. Su labor es informar sobre los beneficios del viaje y prepararlos para su salida.
Son los típicos “coyotes” del Caribe. Los de Haití se encargan de los viajeros hasta dejarlos seguros en la frontera. Se responsabilizan de cobros  y  gestión de transporte, pagos a contactos y  sobornos a militares desleales y corruptos de servicio en los puestos de control.
Hay dos tipos de operadores de tráfico ilícito de migrantes en Haití y República Dominicana. Unos tienen recursos, dinero, transporte, casas, negocios y nexos con autoridades. Son garantes de un viaje más seguro. Los contactos haitianos hacen la travesía junto a los viajeros y los entregan aquí.
El viaje dura dependiendo de las condiciones del clima, el rigor de la vigilancia y las rutas escogidas. Se exige viajar sin equipaje, solo bolsas con algo de ropa y comida, no gritar, no alzar la voz ni armar pelas.
En algunos casos, haitianos que han tenido mal proceder o se han peleado en el camino fueron abandonados por los cabezas del negocio, para evitar que el viaje peligre.
Los organizadores locales, para evitar problemas con los haitianos, exigen pago total antes del cruce por la frontera. La mayoría de los organizadores solo acepta, como pago, dinero, aunque algunos admiten prendas y otros artículos, incluidos armas de fuego.
Los “buscones” de viajeros reciben su paga y su trabajo no tiene pausas. En algunos casos, el viaje depende de ellos, de los vínculos del contacto local y las habilidades del organizador para manejar las emergencias.
Las condiciones del viaje casi siempre son difíciles. Cuando la vigilancia es muy rigurosa la espera dura varios días. Darse un baño es una osadía y las necesidades fisiológicas se hacen a veces en los montes.
Tras su llegada a la frontera con Montecristi, Dajabón, Restauración, Elías Piña, La Descubierta, Jimaní y Pedernales,  son transportados en minibuses, yipetas, camiones, furgonetas y hasta en guaguas destartaladas y malolientes.
Aquellos que carecen de dinero tienen que hacer su viaje de a pie, forzados a caminatas, día y noche, evadiendo caseríos y escurriéndose entre bosques y malezas o a campo abierto.
A los que cruzan la frontera y pueden pagar bien, se les transporta directo a sus destinos o son alojados en habitaciones o pasillos de cuarterías y hoteles de pueblos, en grupos de hasta veinte, treinta y cuarenta personas. Muchos son capturados y deportados a su país. 
Otros vuelven a intentarlo cuanto les llega otra oportunidad. Las peores horas del día y la noche las pasan encerrados en diminutas habitaciones de hoteles de la zona, y cuando no apiñados en estrechos cuartos inmundos.
Quienes se exponen a estas vicisitudes proceden, en su mayoría, de zonas rurales y urbanas castigadas por el desempleo y la pobreza extrema. Ya establecidos aquí, superadas algunas de sus penurias, deben enfrentarse con dureza a las novedades de su ensayo por un cambio.
Fuente: En El Momento.com

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