// Vicente Noble Hoy Murieron por asfixia la dominicana y su hija asesinadas en España ~ Vicente Noble HOY

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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Murieron por asfixia la dominicana y su hija asesinadas en España



Santo Domingo.- Raúl Álvarez, el español de 30 años que asesinó a una mujer dominicana y su hija en Madrid, tenía antecedentes penales por robo y una denuncia de violencia que le había colocado su anterior pareja. Tras asesinar a Adolfina Puello , de 32 años, y a su hija Argelys, de nueve, las enterró en un pozo y siguió con su vida, aunque, de vez en cuando, se echaba a llorar sin razón, según contó  a la policía la nueva novia, de origen cubano, que se buscó poco días después de los crímenes.



Los detalles sobre la tragedia y la vida del agresor y sus víctimas son recogidos en un reportaje publicado ayer por el sitio web del periódico español  ABC, el cual detalla informaciones tristes sobre la vida de Adolfina. Había emigrado, junto a su suegra, a España tras la muerte de su esposo, el padre de su hija, quien falleció en un asalto callejero. En Madrid se dedicó a la prostitución y enviaba  dinero a República Dominicana donde construía una casa que casi logró saldar. Mientras su hija permanecía interna en un colegio. También tenía un cuarto rentado donde se reunía con su ex pareja y la niña.
Según ABC, Adolfina Puello había diseñado al milímetro un futuro para ella y su hija Argelys, pero ese futuro nunca llegó. La mujer esperaba retornar alguna vez al país para vivir en la casa que había construido. 
El diario, que cita el entorno de la víctima,  dice que Raúl Álvarez se comportaba como un celoso compulsivo y un maltratador. Estas es la continuación del texto publicado por ABC.
“El pasado 30 de junio, tras acabar el curso escolar, la niña iba a tomar un avión para pasar el verano con su familia materna en República Dominicana. Ni Adolfina ni su hija llegaron nunca a Barajas. Raúl Álvarez las asfixió a ambas supuestamente en la habitación alquilada en la calle Sancho Panza; las trasladó al maletero de su coche y condujo con los dos cadáveres más de 300 kilómetros hasta San Vicente de la Cabeza, en Zamora, pueblo natal de su madre. Allí, en una finca agrícola de su familia las arrojó a un pozo en desuso junto al río Aliste después de atarlas con alambre y lastrar los cuerpos con ladrillos para que permanecieran en el fondo.
FUENTE ABC

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